Cuando nos cansan los demas

Señor, cómo me cansan todos. Cómo me cansan éstos que Tú me has dado por hermanos.

Cada uno me impone algo que he de comprender. Y no siempre me apetece, Señor. Es pesado.

Es pesado, Señor, amar a mis hermanos. Pero a todos los demás, ¡Oh señor!, cuanto me cuesta acogerlos.

Señor, que nunca me cierre a los demás. Que al marcharme y volver en paz a mi propio ambiente, donde no hay sitio para ellos, nunca diga: “No los comprendo”.

Que jamás ponga sobre el otro una etiqueta de museo, una ficha de información: “Fulano es así o asá”. Señor, guárdame de calificar a mis hermanos.

Ayúdame más bien a reconocer en el rostro de cada uno los trazos borrados de cuando fue niño.

Entonces, sólo entonces, Señor, “comprenderé”.

(Anónimo, Almanaque 18, 1991)

mirada

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